Y el minutero avanza. Y yo tendría que estar haciendo lo de psicología; pero no. Sigo perdiendo el tiempo. Y escucho música y empiezo a ver fotos. Y una foto tuya con otra persona me hizo pensar. De la nada. Sin motivos, ni excusas, ni fines. Sólo me hizo pensar.
Me hizo pensar y darme cuenta de que al menos para mí, no importa nada lo externo a nuestra amistad, siempre siento igual.
Y lo digo porque de golpe, en una extensa decena de segundos repasé los últimos 6 años y medio y me dí cuenta de que hubo momentos en los que eramos culo-calzón; momentos en los que tal vez sólo cruzábamos dos palabras, una mirada y una sonrisa en todo un día; momentos en los que cualquiera de las anteriores se podía dar; una pelea (no sé si te acordarás, en 5º grado, pero yo todavía no me olvido y no entiendo muy bien que fue lo que hice o pasó, que fue la primera de las 4 Peleas con mayúscula que tuve alguna vez con amigas muy cercanas) que no fue lo demasiado fuerte como para durar más de un bloque exactamente: 80/90 minutos de silencio y eso fue todo; días enteros en los que te usurpé la casa por días y noches, y más días y más noches; primeras experiencias (¡Que pendejas de mierda, ¿no?! Jajaja); todo tipo de emociones compartidas: llantos hasta transformarlos en risas, risas hasta transformarlas en llantos; llamadas telefónicas (de todo tipo, y siempre las mejores; entre nosotras o con otros); planes (algunos tan irreales e inocentes); vacaciones; cumpleaños; canciones; escondidas en placares/bañeras/terrazas; y millones de cosas más que seguro me estoy olvidando en este momento, pero que e x i s t i e r o n.
Y esa extensa decena de segundos que me recordó todo eso me demostró que siempre fueron hechos/anécdotas/momentos que vivimos juntas a pesar de todo y todos.
Ni las personas que lograron distanciarnos por momentos, épocas (que lo lograron culpa mía, porque sé que de eso sí soy la única responsable); ni las diferencias al pensar, al actuar, al valorar; ni el tiempo que nunca se detiene y hacía a veces esas distancias más grandes; ni los errores de ambas; ni los defectos ni las virtudes.
Nada.
Nada importa a la hora de poner las cartas sobre la mesa y darme cuenta de que sos una persona que siempre me acompaño y que me sigue acompañando y sé que lo va a seguir haciendo, como yo lo hice, lo hago (espero que así sea, porque realmente así lo quiero) y lo voy a seguir haciendo (siempre y cuando vos estés de acuerdo) a vos; que sos una m u j e r que vale tanto que no tiene comparación con ninguna cosa ya existente con la que puedas ser comparada porque realmente sos INcomparable; que sos una A M I G A con cada una de sus letras (¡Y todas mayúsculas!); que me sabés consolar como nadie, porque haciendo eso sos simplemente la mejor; que me tenés una paciencia ilimitada; que sos demasiado atenta (más comparado con lo poco atenta que soy yo); que siempre me das tu opinión con tanta p a z y me hacés sentir tan bien (porque no sé si lo habrás notado, pero yo sí lo hice) al controlar tus reacciones (que no solés controlar la mayoría de las veces) conmigo (porque conmigo, al menos que yo recuerde, no reaccionaste mal nunca); y una de las personas más tiernas que conozco.
Entonces, cuando digo que al menos para mí, no importa nada lo externo a nuestra amistad, siempre siento igual; es en serio, porque a pesar de todo lo ya nombrado hoy acá, en esta entrada, y lo omitido (por olvido o abreviación) sigo sientiendo que te quiero tanto o más (aunque parezca muy difícil, cada vez más); que la confianza ganada con los años y todo lo que pasamos juntas nunca se va a perder; y que sos indispensable, infaltable, inolvidable, imprescindible en mi vida.
Finalmente un perdón y un gracias infinitos.
Un(os) Perdón(es) por todos los errores que cometí, que cometo y cometeré; y por las veces que te fallé, juro que fueron sin la más mínima intención de hacerlo (y menos que menos A VOS).
Un(os) Gracias por ser parte de mi vida, mi amiga, mi compañera.
Y te quería pedir que por favor, nunca me dejes. Porque ahora que te conozco y sé la manera en la que cambiás la vida de las personas (o al menos con la mía lo hiciste); no quiero perderte nunca.
Sofía. Vos, Sofía, y tus (hermosas) risas, tus (tiernos) abrazos, y todas las huellas que ya dejaste en mi corazón y en mi alma no se van a borrar nunca. Te lo a se gu ro.
Sos como mi paraguas (que me cubre de todo lo que me puede lastimar, hacer caer o hasta simplemente salpicar), mi sostén (de esos que irrompibles, que no importa de dónde estés cayendo, nunca te van a soltar; y si es necesario, caen con vos).
Y hoy te quiero regalar un sincero y enorme, tallado en piedra,
te amo.
Me hizo pensar y darme cuenta de que al menos para mí, no importa nada lo externo a nuestra amistad, siempre siento igual.
Y lo digo porque de golpe, en una extensa decena de segundos repasé los últimos 6 años y medio y me dí cuenta de que hubo momentos en los que eramos culo-calzón; momentos en los que tal vez sólo cruzábamos dos palabras, una mirada y una sonrisa en todo un día; momentos en los que cualquiera de las anteriores se podía dar; una pelea (no sé si te acordarás, en 5º grado, pero yo todavía no me olvido y no entiendo muy bien que fue lo que hice o pasó, que fue la primera de las 4 Peleas con mayúscula que tuve alguna vez con amigas muy cercanas) que no fue lo demasiado fuerte como para durar más de un bloque exactamente: 80/90 minutos de silencio y eso fue todo; días enteros en los que te usurpé la casa por días y noches, y más días y más noches; primeras experiencias (¡Que pendejas de mierda, ¿no?! Jajaja); todo tipo de emociones compartidas: llantos hasta transformarlos en risas, risas hasta transformarlas en llantos; llamadas telefónicas (de todo tipo, y siempre las mejores; entre nosotras o con otros); planes (algunos tan irreales e inocentes); vacaciones; cumpleaños; canciones; escondidas en placares/bañeras/terrazas; y millones de cosas más que seguro me estoy olvidando en este momento, pero que e x i s t i e r o n.
Y esa extensa decena de segundos que me recordó todo eso me demostró que siempre fueron hechos/anécdotas/momentos que vivimos juntas a pesar de todo y todos.
Ni las personas que lograron distanciarnos por momentos, épocas (que lo lograron culpa mía, porque sé que de eso sí soy la única responsable); ni las diferencias al pensar, al actuar, al valorar; ni el tiempo que nunca se detiene y hacía a veces esas distancias más grandes; ni los errores de ambas; ni los defectos ni las virtudes.
Nada.
Nada importa a la hora de poner las cartas sobre la mesa y darme cuenta de que sos una persona que siempre me acompaño y que me sigue acompañando y sé que lo va a seguir haciendo, como yo lo hice, lo hago (espero que así sea, porque realmente así lo quiero) y lo voy a seguir haciendo (siempre y cuando vos estés de acuerdo) a vos; que sos una m u j e r que vale tanto que no tiene comparación con ninguna cosa ya existente con la que puedas ser comparada porque realmente sos INcomparable; que sos una A M I G A con cada una de sus letras (¡Y todas mayúsculas!); que me sabés consolar como nadie, porque haciendo eso sos simplemente la mejor; que me tenés una paciencia ilimitada; que sos demasiado atenta (más comparado con lo poco atenta que soy yo); que siempre me das tu opinión con tanta p a z y me hacés sentir tan bien (porque no sé si lo habrás notado, pero yo sí lo hice) al controlar tus reacciones (que no solés controlar la mayoría de las veces) conmigo (porque conmigo, al menos que yo recuerde, no reaccionaste mal nunca); y una de las personas más tiernas que conozco.
Entonces, cuando digo que al menos para mí, no importa nada lo externo a nuestra amistad, siempre siento igual; es en serio, porque a pesar de todo lo ya nombrado hoy acá, en esta entrada, y lo omitido (por olvido o abreviación) sigo sientiendo que te quiero tanto o más (aunque parezca muy difícil, cada vez más); que la confianza ganada con los años y todo lo que pasamos juntas nunca se va a perder; y que sos indispensable, infaltable, inolvidable, imprescindible en mi vida.
Finalmente un perdón y un gracias infinitos.
Un(os) Perdón(es) por todos los errores que cometí, que cometo y cometeré; y por las veces que te fallé, juro que fueron sin la más mínima intención de hacerlo (y menos que menos A VOS).
Un(os) Gracias por ser parte de mi vida, mi amiga, mi compañera.
Y te quería pedir que por favor, nunca me dejes. Porque ahora que te conozco y sé la manera en la que cambiás la vida de las personas (o al menos con la mía lo hiciste); no quiero perderte nunca.
Sofía. Vos, Sofía, y tus (hermosas) risas, tus (tiernos) abrazos, y todas las huellas que ya dejaste en mi corazón y en mi alma no se van a borrar nunca. Te lo a se gu ro.
Sos como mi paraguas (que me cubre de todo lo que me puede lastimar, hacer caer o hasta simplemente salpicar), mi sostén (de esos que irrompibles, que no importa de dónde estés cayendo, nunca te van a soltar; y si es necesario, caen con vos).
Y hoy te quiero regalar un sincero y enorme, tallado en piedra,
te amo.

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