Cuando las manos del Atlántico te tocaban, entonces todo estaba bien y sólo escuchaba risas. Sentía tus palabras y acompañaba tus pensamientos.
Luego, tu sombra se proyectaba en el pavimento, mientras hasta las hojas de los árboles transpiraban y lo único que pude oír fue los camiones, todas las bocinas y los murmullos de la ciudad entera. Pero ya no me importaba, no eran para mí más que murmullos sin sentido. Eran tan desconocidos para mí como lo soy yo para vos ahora. Y lo más feo de esto, es que con el tiempo, vos también te vas haciendo desconocido para mí...
Luego, tu sombra se proyectaba en el pavimento, mientras hasta las hojas de los árboles transpiraban y lo único que pude oír fue los camiones, todas las bocinas y los murmullos de la ciudad entera. Pero ya no me importaba, no eran para mí más que murmullos sin sentido. Eran tan desconocidos para mí como lo soy yo para vos ahora. Y lo más feo de esto, es que con el tiempo, vos también te vas haciendo desconocido para mí...
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