martes, 4 de mayo de 2010

- Pero es que sos tan... ¡Dios!
- No uses el nombre de Dios en vano. No importa si afuera hay un sol-que-enceguece o te llueven cubitos de hielo en la cabeza, suficientes como para enfriar tus 3 litros diarios de agua tónica; siempre estoy acá adentro. Ocupada en lo mío, sí; pero dejando lo necesario (incuso hasta amigos, o conocidos) cuando me dejás ayudarte.
- No te pido que lo hagas.
- No estoy hablando de lo que no-dice tu boca. Me refiero a lo que me gritan tus ojos; y tu máscara al caer al piso, justo antes de que la pise sin querer y con orgullo.
- ...
- No me mires así...
- ...
¿Y cómo querés que te mire?
- Dejá [bajando la cabeza; quería ver si a sus zapatillas se le habían desatado los cordones], ya pasó el vómito verbal que me raspaba la garganta... Aunque fue tan real...
- No te hagás una película... [Mientras ella piensa que lo de la "película" es una broma; de otra manera todo lo anterior no hubiera tenido sentido, y eso no le gustaba.
Y entonces, la abraza. Y entonces, ella se resiste. Se resiste a corresponderlo aunque ese gesto es lo que estuvo esperando y necesitando por largas semanas.
Y aunque quizás mañana sea lo mismo; hoy se hace la que no le gusta nada de eso, aunque el alma le esté llorando. Y aún no sabe porqué.]

No hay comentarios: