
Pensar que ya pasaron ocho años de ese día que recuerdo como si hubiera sido ayer.
Primero yéndonos de la casa de Marisa, dejando a Nacho y Agustina que se iban a quedar a dormir porque yo iba a viajar a Neuquén con Mamá y Papá al casamiento de Naty. Y me acuerdo que a las dos cuadras, apenas dando la vuelta en la esquina de Cuenca yo iba sentada mirando por la ventana, nunca recordé bien porqué pero sé que me sentía rara, tenía 8 años y todavía no me peleaba tanto con Mamá, pero sé que ese día estaba como angustiada, sensible, no sé bien como describir la sensación, y hoy, recién ahora mientras escribo esto, me doy cuenta que debe haber sido tal vez por un presentimiento, viste que dicen que los chicos muchas veces sienten aunque lo ignoren aún cuando van a tener un hermanito/a (al igual que los perros); y quizá eso fue lo que hizo que me sintiera rara cuando volvíamos para casa...
Hasta que volviendo a la esquina de Cuenca, todavía me acuerdo "Bueno Cami, vos sos la más grande y queríamos que te enteres primera (una pausa de Mamá); todavía no lo sabe ni Abu, ni Vale, ni Tato, ni nadie... Vas a tener un hermanito, estoy embarazada". Y ni bien escuché esas últimas 2 palabras (ya que en las 5 anteriores no lo había asumido aún) miré por la ventana en la que estaba sentada y subí la mirada, empañada por lágrimas y miré el farol. Esa luz naranja, las lágrimas cada vez más fuertes y más intensas que parecía que no iban a terminar más, y Mamá preguntándome que me pasaba, porqué no contestaba, intentando darse vuelta para ver mi cara... La vergüenza que me daba que se no te que lloraba, todavía no se sabía que era tan maricona como ahora, era chiquita... Todo eso... Y lo mejor fue que las lágrimas, ésas lágrimas, a pesar de que no recuerdo perfectamente, deben haber sido las más felices de mi vida (cuando nacieron Agustina y Nacho, ni me acuerdo sinceramente cuándo, dónde, cómo fue que me contaron), y me sentí tan llena en ese momento, tan chica (no sé porque) y como si me estuviera por cambiar la vida, aunque no sabía bien que era lo que sentía...
Volví de Neuquén, fui al colegio y ni la maestra ni mis amigos ni la propia familia (ni creo que nosotros mismos, en casa) podían(mos) creer, pero sí, era así: iba a tener una hermanita.
Y habrán sido 6 (algunos más, algunos menos) meses después que llegó ese día que recuerdo como si hubiera sido ayer, a pesar de que pasaron ocho años... Salí del colegio y nos estaba esperando Abu con Pedro, nos encontraron a mí, a Nacho y a Agustina y nos dijeron que teníamos que apurarnos, correr al auto que Papá nos estaba esperando en el Hospital. Llegamos y sí, nos dijo que habías nacido y que no te íbamos a poder ver, pero sí a Mamá. Había sido peligroso el parto, pero finalmente, habías llegado el Miércoles (recuerdo hasta el día) 19 de Septiembre del 2001. A los días, estábamos con la mudanza, viendo la casa a la que nos íbamos a mudar, y te llevaron a casa... Y parecías una bebé con una agotamiento, ¡y apenas tenías días! pero se te iban los ojos como si no hubieras dormido por una semana entera... Y ya apareció ese hábito tan tuyo que ocho años después sigue presente cada vez que te vas a dormir, y siempre que llegaba del colegio iba corriendo a la pieza de Mamá y Papá porque sabía que Mamá estaba acostada viendo la tele con vos al lado... Y provocaste que Nacho y yo nos llevemos mal (cosa totalmente común entre hermanos, pero que hasta ese momento no había pasado) porque se puso celoso el bobito...
Y aunque tal vez no te de mucha bola nunca (de hecho no doy mucha bola a nadie), te juro que por vos (o Nacho o Agustina, obviamente) daría lo que sea, por verlos bien. Aunque vivamos peleando entre los cuatro, nos metemos en los problemas del otro, nos mandemos al frente, nos complotemos, nos peguemos, nos arreglemos, nos RE puteemos, nos riamos, nos hagamos llorar, nos todo; les juro que si alguien (no importa quien), cualquiera, tratara de tocarles aunque sea la puntita más florecida del pelo que tengan, me olvidaría de todo y todos, y nada me importaría, y le demostraría que por más garca que sea a veces, caprichosa, histérica, maricona, egoísta, y todo lo que se les ocurra, es su hermana mayor y nunca los va a dejar, y la van a tener siempre para lo que carajo sea, molestar a Papá y Mamá, molestarlos a ustedes, molestarme a mí, lo que sea, siempre me van a tener, y aunque quizás no se los dije nunca (soy capaz de no haberlo hecho nunca antes, aunque al menos una vez supongo, lo debo haber hecho) son lo más lo más lo más importante que tengo en la vida, y tal vez sea por mandarse la parte, tal vez la naturaleza del ser humano, no lo sé, pero siento que tengo que cuidarlos de acá a que dejemos de existir, y me encanta sentir eso. Porque es algo que no controlo, que no lo puedo dejar de sentir cuando quiera y volver a sentir cuando vuelva a tener ganas; no. Cada vez que los veo, cada vez que voy con alguno de ustedes por la calle, cada vez que salen al kiosco de al lado, cada vez que se pelean con algún amigo, no sé por qué, pero provocan en mí esa sensación de que los tengo que proteger pese y frente a todo. Capaz suena a esas pibas que se creen grandes y se quieren hacer las que tienen una vida ocupada, movida, como una tipa de 40 años, pero les juro que no. Capaz suena a además de agrandada, exagerada y hasta que quiero ser su madre, no lo sé... Pero les juro que nada que ver, y lo saben mejor que nadie, porque no los trataría como los trato (perdón), es simplemente que me nace ese instinto asesino contra el o lo que sea que quiera lastimarlos, y no lo controlo pero por eso mismo, sé que al primero que trate de hacerles daño le haría todo lo malo posible y lo que quieran...
Primero yéndonos de la casa de Marisa, dejando a Nacho y Agustina que se iban a quedar a dormir porque yo iba a viajar a Neuquén con Mamá y Papá al casamiento de Naty. Y me acuerdo que a las dos cuadras, apenas dando la vuelta en la esquina de Cuenca yo iba sentada mirando por la ventana, nunca recordé bien porqué pero sé que me sentía rara, tenía 8 años y todavía no me peleaba tanto con Mamá, pero sé que ese día estaba como angustiada, sensible, no sé bien como describir la sensación, y hoy, recién ahora mientras escribo esto, me doy cuenta que debe haber sido tal vez por un presentimiento, viste que dicen que los chicos muchas veces sienten aunque lo ignoren aún cuando van a tener un hermanito/a (al igual que los perros); y quizá eso fue lo que hizo que me sintiera rara cuando volvíamos para casa...
Hasta que volviendo a la esquina de Cuenca, todavía me acuerdo "Bueno Cami, vos sos la más grande y queríamos que te enteres primera (una pausa de Mamá); todavía no lo sabe ni Abu, ni Vale, ni Tato, ni nadie... Vas a tener un hermanito, estoy embarazada". Y ni bien escuché esas últimas 2 palabras (ya que en las 5 anteriores no lo había asumido aún) miré por la ventana en la que estaba sentada y subí la mirada, empañada por lágrimas y miré el farol. Esa luz naranja, las lágrimas cada vez más fuertes y más intensas que parecía que no iban a terminar más, y Mamá preguntándome que me pasaba, porqué no contestaba, intentando darse vuelta para ver mi cara... La vergüenza que me daba que se no te que lloraba, todavía no se sabía que era tan maricona como ahora, era chiquita... Todo eso... Y lo mejor fue que las lágrimas, ésas lágrimas, a pesar de que no recuerdo perfectamente, deben haber sido las más felices de mi vida (cuando nacieron Agustina y Nacho, ni me acuerdo sinceramente cuándo, dónde, cómo fue que me contaron), y me sentí tan llena en ese momento, tan chica (no sé porque) y como si me estuviera por cambiar la vida, aunque no sabía bien que era lo que sentía...
Volví de Neuquén, fui al colegio y ni la maestra ni mis amigos ni la propia familia (ni creo que nosotros mismos, en casa) podían(mos) creer, pero sí, era así: iba a tener una hermanita.
Y habrán sido 6 (algunos más, algunos menos) meses después que llegó ese día que recuerdo como si hubiera sido ayer, a pesar de que pasaron ocho años... Salí del colegio y nos estaba esperando Abu con Pedro, nos encontraron a mí, a Nacho y a Agustina y nos dijeron que teníamos que apurarnos, correr al auto que Papá nos estaba esperando en el Hospital. Llegamos y sí, nos dijo que habías nacido y que no te íbamos a poder ver, pero sí a Mamá. Había sido peligroso el parto, pero finalmente, habías llegado el Miércoles (recuerdo hasta el día) 19 de Septiembre del 2001. A los días, estábamos con la mudanza, viendo la casa a la que nos íbamos a mudar, y te llevaron a casa... Y parecías una bebé con una agotamiento, ¡y apenas tenías días! pero se te iban los ojos como si no hubieras dormido por una semana entera... Y ya apareció ese hábito tan tuyo que ocho años después sigue presente cada vez que te vas a dormir, y siempre que llegaba del colegio iba corriendo a la pieza de Mamá y Papá porque sabía que Mamá estaba acostada viendo la tele con vos al lado... Y provocaste que Nacho y yo nos llevemos mal (cosa totalmente común entre hermanos, pero que hasta ese momento no había pasado) porque se puso celoso el bobito...
Y aunque tal vez no te de mucha bola nunca (de hecho no doy mucha bola a nadie), te juro que por vos (o Nacho o Agustina, obviamente) daría lo que sea, por verlos bien. Aunque vivamos peleando entre los cuatro, nos metemos en los problemas del otro, nos mandemos al frente, nos complotemos, nos peguemos, nos arreglemos, nos RE puteemos, nos riamos, nos hagamos llorar, nos todo; les juro que si alguien (no importa quien), cualquiera, tratara de tocarles aunque sea la puntita más florecida del pelo que tengan, me olvidaría de todo y todos, y nada me importaría, y le demostraría que por más garca que sea a veces, caprichosa, histérica, maricona, egoísta, y todo lo que se les ocurra, es su hermana mayor y nunca los va a dejar, y la van a tener siempre para lo que carajo sea, molestar a Papá y Mamá, molestarlos a ustedes, molestarme a mí, lo que sea, siempre me van a tener, y aunque quizás no se los dije nunca (soy capaz de no haberlo hecho nunca antes, aunque al menos una vez supongo, lo debo haber hecho) son lo más lo más lo más importante que tengo en la vida, y tal vez sea por mandarse la parte, tal vez la naturaleza del ser humano, no lo sé, pero siento que tengo que cuidarlos de acá a que dejemos de existir, y me encanta sentir eso. Porque es algo que no controlo, que no lo puedo dejar de sentir cuando quiera y volver a sentir cuando vuelva a tener ganas; no. Cada vez que los veo, cada vez que voy con alguno de ustedes por la calle, cada vez que salen al kiosco de al lado, cada vez que se pelean con algún amigo, no sé por qué, pero provocan en mí esa sensación de que los tengo que proteger pese y frente a todo. Capaz suena a esas pibas que se creen grandes y se quieren hacer las que tienen una vida ocupada, movida, como una tipa de 40 años, pero les juro que no. Capaz suena a además de agrandada, exagerada y hasta que quiero ser su madre, no lo sé... Pero les juro que nada que ver, y lo saben mejor que nadie, porque no los trataría como los trato (perdón), es simplemente que me nace ese instinto asesino contra el o lo que sea que quiera lastimarlos, y no lo controlo pero por eso mismo, sé que al primero que trate de hacerles daño le haría todo lo malo posible y lo que quieran...
Ni hace falta aclarar que hasta vendería mi alma si fuera necesario porque alguno de ustedes tres esté mejor, y que los quiero como a nada absolutamente nada en este mundo.
Y volviendo a vos Polly, feliz cumpleaños, espero que mañana pases un muy lindo festejo (conste que falto a telas por vos eh!), te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario