Si vos pensás que estás sola;
si vos pensás que no hay modo...
Acordate que me tenes a mí. Para siempre.
Me siento orgullosa de poder decir que te conozco desde hace 9 años, y que desde ese momento que somos amigas (aunque hubo tanto momentos de alejamiento como de acercamiento).
Sólo te pido (por puro egoísmo) que ahora seas más fuerte que nunca.
Porque si vos, que sos la única que me levanta cuando realmente llegue a tocar el piso con mis manos, rodillas, cara (y no cuando sólo amago caer, tropezando con una baldosa rota, pero que al fín y al cabo no es más que una baldosa), caés; entonces ¿qué puede ser de mí?
Y lo digo con total sinceridad. Porque si vos no estás como hasta ahora, ahí, siempre más alta, hermosa, cautivadora, para agarrame la mano cuando el escalón se me hace demasiado alto, inescalable, inalcanzable; ¿quién lo va a hacer?
Porque aunque seas la persona más goma, empalagosa, molesta (aunque en este último te hago bastante bien la competencia) que conozca, sos la ÚNICA que está siempre sin importar lo que tenga que saltar, esquivar, ignorar o subir; estás ahí haciendo de mi soga, de mis reflejos, de mis audífonos propios o de mi Cielo (logrando que quiera subir cueste lo que cueste). Y me empujás a más. Y me sostenés. Con palabras, gestos, abrazos (y de los mejores). Y a pesar de que todos sepan que la incomparable, inigualable, inmenza acá sos vos; me hacés sentir (pero no creer) que yo soy más. Mucho más. Y todo porque sí; sin motivos ni condiciones, dudas ni pretextos.
...Entonces, repito: no te dejes caer; porque yo caigo abajo tuyo. (Dije que era puro egoísmo)
Amiga, confidente, maestra. Espero que tengas bien grabado en tu mente que ahora que (¡al fin!) me toca a mí, soy tu sostén. Tu escalera, tu paraguas. La mano cálida que te sostenga y el oído limpio que te escuche.
Y todo lo que necesités.
No me sueltes nunca. No me dejes caminar sola nunca. No te dejes vencer nunca. [Todo eso me mataría.]
te amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario